Lo que sucedió en Teuchitlán no termina ahí. Continúa en cada madre que busca, en cada rostro que resiste. Estas imágenes son testimonio de un país roto, un país que llora a pesar de haberse acostumbrado al horror.
Leer másEn el centro de Guadalajara, entre gritos, rezos y silencios compartidos, miles marcharon por los hallazgos del rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco. Un lugar donde la crueldad empató con lo inhumano. Ahí había fragmentos de un país roto, historias arrancadas de raíz, pertenencias cubiertas de polvo que alguna vez acompañaron a alguien en su rutina cotidiana. Carteras, zapatos, camisas, mochilas. Objetos tan comunes que ahora son testigos de lo innombrable.
En cada rostro se dibujaba una mezcla de incredulidad, de rabia y de una tristeza tan profunda que parecía imposible de sostener. El ambiente era denso, lúgubre, pero también humano: entre los familiares de las víctimas y los ciudadanos solidarios se sentía una hermandad nacida del dolor compartido. Había abrazos que sostenían lo insoportable. Había miradas perdidas, como si la mente buscara entender lo que el alma no puede aceptar.
México se ha acostumbrado al horror. Hemos normalizado la tragedia como parte del paisaje. Nos indignamos, a veces. Y en esa costumbre se esconde el mayor peligro: olvidar. Olvidar que detrás de cada cuerpo hay un nombre, una historia, un sueño. Que muchos fueron engañados con falsas promesas de empleo, buscando nada más que una oportunidad para vivir mejor. Esa es la raíz más cruda de todo: la pobreza, la impunidad, la corrupción que se filtra en todos los rincones del país.
Estas fotografías no buscan mostrar la violencia, sino la huella emocional que deja. No hay sangre ni escenas explícitas, solo los rostros, los gestos y los silencios de quienes sobreviven al horror, a los que se les arrancó un pedazo de su alma. Es un intento por empatizar con lo que la razón no alcanza a explicar. Por mirar de frente lo que tantos prefieren no ver.
Ojalá que mirar duela. Que duela lo suficiente como para no quedarnos inmóviles. Porque solo desde la incomodidad del dolor puede nacer la esperanza. Y solo desde la memoria y la acción puede comenzar un país distinto.
Mi alma está rota
A veces creo que es mentira
Me lamento por tu abrazo
Lo que me sostiene es buscarte
Te arrancaron de mi vida
¿Te arrancaron tu vida?
Esos tiranos
Como si les perteneciera
La lluvia arrastra las hojas
Así arrastro mis penas
Hiervo por dentro
Se me cuece el alma
Te fuiste sin saber
Cuanto te amo
Que por ti, yo vuelco
Este mundo de cabeza